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Foto por Christopher Sardegna en Unsplash

¿Frustrad@ de cómo vives tu vida? Tres formas de estar en paz en tiempos desquiciados.

Hoy en el Divino Cóctel quiero contarte una historia de toma de consciencia. Un día de esta semana me desperté y estuve a punto de reaccionar semidormida con algo (que ni recuerdo qué era, de seguro una tontera doméstica que en realidad no es tan importante) que hizo mi pareja y que tenía pinta de que siempre me molesta, y en consecuencia, lo regaño por ello. Y de pronto, se cruzó por mi mente el pensamiento:

 

Hoy nada me roba la paz.

 

Mi mente, semidormida, se dijo a sí  misma: “este es mi nuevo mantra”. Para contextualizar, y antes de entrar en materia, quiero dedicar un párrafo o dos a qué es lo que ha estado sucediendo los tres últimos años:

Tenía y sigo teniendo la convicción de que el trabajo es a los adultos lo que el juego es a los niños. Quiero decir que si los niños pasan la mayor parte de su infancia jugando y pasándolo bien para estimular su creatividad y desarrollar su cabeza, los adultos pasamos la mayor parte de nuestra adultez en el trabajo, y también tiene que ser un lugar donde se pasa bien, se estimula la creatividad y se desarrolla nuestra cabeza. ¡¡PERO!! Eso no ocurre en gran parte de los casos. Ya muchos sabemos cómo va ese vals.

Entonces llevaba años arrastrando esta cuestión del propósito de vida, cómo plasmarlo en el quehacer diario y vivir de ello, estando paralizada del susto ante la idea de cambiar y ¡CHAN! Quedamos esperando una guagua. Divina guaguita, divino embarazo, divino coaching. Todo junto.

Adiós a ese pensamiento de tener todo planificado, la casa comprada, cada uno con su auto, un ahorro guatón en el banco para ahí empezar a tener bebés uno tras otro y celebrar navidades con la mesa llena de gente. No. A esa altura tenía 34 años, mamá primeriza “vieja”, y había perdido muchos años en tener miedo y no hacer nada al respecto de mi vida. Ahora tenía solo nueve meses para hacer lo que no había hecho jamás. Lo que tenía super claro es que si seguía viviendo como antes, mi hija iba a ser criada por nana y jardín, yo iba a criar a una niñita pusilánime (los niños aprenden de lo que somos, no lo que les decimos que tienen que hacer)  y eso no tenía ningún sentido para mí. Así tomé la decisión de dejar de ser cobarde y seguir mi pasión – el coaching. Creé Divinocoaching.com que se transformó ahora en Divino es el Coaching, y… ME MANTUVE FIRME EN MI DECISIÓN.

¿Hice coaching antes que naciera mi hija? Sí. ¿Ayudé a gente? Sí ¿Lograron lo que buscaban? Sí. Pero luego nació y se rompió mi ilusión de la vida de la mamá emprendedora: lo que yo creía de la maternidad y el emprendimiento era bastante distinto A LO QUE LA REALIDAD DE VERDAD ES: Mamá vuelta mono

Fuente imagen: mama24horas.wordpress.com

Y así han pasado dos años desde que nació nuestra pequeña gran mujer y con tantas ganas de emprender y con las dificultades que una encuentra en el camino + poca red de apoyo + factor puerperio + no querer ponerla en el jardín tan pequeña… La paz muchas veces se me fue a la punta del cerro. Y eso significó hacerme terapia, coaching y estudiar sin cesar, porque mi adicción es superarme a mi misma constantemente.

Por ello, sé con respaldo empírico y teórico – Y AHORA Sí QUE ENTRAMOS EN MATERIA – lo siguiente que comparto contigo:

Qué es lo que tiene que pasar para realmente estar en paz

 

La voy a rayar un poco con el amor propio. Imagínate por un momento que hay una empresa constructora que va a construir un edificio en sitio eriazo, y llega el día de inicio de la construcción con retroexcavadoras, los ingenieros, obreros, las gruas, los materiales, y faltan los planos. ¿Te imaginas el desastre que sería si empezaran la obra sin los planos? ¿La pérdida de tiempo y recursos – no solamente económicos – que eso significaría?

Lo mismo ocurre cuando en tu vida no hay amor propio, y no me refiero al amor superficial de dedicarte una hora para salir presentable de la casa, sino ponerte en valor como la persona magnífica y única que eres, y cuidar de ti como un bien escaso. El amor propio – NO LA VANIDAD, LA EGOLATRÍA NI EL EGOÍSMO – es el cimiento, el plano, la base del buen vivir. No puedes dar de ti lo que no eres ni tienes. Cero + Cero posibilidad. Me puedes decir “Catalina, pero si yo le doy tanto amor a mi marido”, Pero ¿desde qué lugar lo estás dando?

Caso 1: Amor de vaso vacío o a medias

 

Esta es la forma en que la mayoría tenemos de amarnos a nosotr@s mism@s. Esto es algo cultural y se nos ha inculcado así. De ti depende desafiar el paradigma cultural y darle un vuelco a esta situación.

Cuando entendemos que decir que no, poner límites, pensar bien de un@ mismo es vanidad y egoísmo; cuando no cuidamos de nuestro espacio personal y muchas veces nos comprometemos por el deber ser; cuando decimos mentiras blancas en vez de decir que no por miedo a que el interlocutor se sienta mal (se sentiría mal porque también está dando amor desde el vaso vacío y con expectativas), AQUÍ ES DONDE NUESTRA CONFIGURACIÓN INTERNA HACE CORTOCIRCUITO, y comenzamos a mermar nuestro valor propio.

Aquí das desde el vaso vacío. Por lo general hay control y expectativa de que alguien se comporte de alguna manera en particular. Esto te daña, está en piloto automático y genera muchos lazos de expectativa desde ti hacia los demás, y deja la puerta abierta a que te decepciones. Como suele suceder.

Caso 2: Amor de vaso lleno

 

Este amor es el más escaso, pero ES DEL BUENO. No puedes dar amor de calidad y estar tranquil@, si tu vaso no está lleno.

Entrena ese músculo del amor propio para llenar tu vaso y permite que se rebalse. El amor que está bien sintonizado es un recurso ilimitado, así que lo que está dentro del vaso es para ti, es el plano de la obra maestra que es tu vida, y todo lo que rebalsa es para darlo, pues el amor no se puede acumular.

Con tu vaso lleno, puedes dar incondicionalmente. Con tu vaso a medias, siempre estás en déficit, y a quien le das, siempre está en deuda. Lo quieras o no.

 

Revolucionemos al mundo, el amor parte por casa.

 

Como te contaba, “hoy nada me roba la paz” es el nuevo mantra que he adquirido y que ha partido de tratarme mejor y priorizarme más.

 

Una dosis de amor propio es lo que el mundo necesita para ser un lugar más amoroso.

 

“¿Pero cómo Cata?” me dijo un pololo a los lejanos 26 años, “¿Cómo va a ser el amor la respuesta a todo? Qué básico”.

Efectivamente. Es simple, sencillo. BÁSICO

 

Si te quieres más, en consecuencia te alimentas mejor (algo básico) y funcionas mejor. Lo haces porque quieres sentirte bien, no porque tienes un evento o porque se acerca el verano o cualquier otro motivo superficial. Eso no funciona a largo plazo. Ya lo saben todas las novias que se ponen a dieta para el gran día, para las fotos, el vestido y los invitados… ¿y para si mismas? No lo sé. Porque eso es lo que pasa cuando tienes el foco en los demás y no en ti mism@.

 

Para que un cambio sea realmente sustentable en el tiempo tiene que haber una TOMA DE CONSCIENCIA. 

 

Cuando tomas consciencia que te maltratas mediante actos cotidianos como:

  1. Decir que sí cuando la tripa te dice que es NO,
  2. Tienes el hábito de comer hasta “quedar con el ombligo para fuera” y más encima lo dices,
  3. Tienes el hábito de alimentarte pobremente,
  4. Aceptas malos tratos sin poner límites,
  5. Confundes el amor hacia otro con tu falta de amor propio,
  6. Cuando no sacas la voz por ti y tus derechos,
  7. Y un sin fin de otras cosillas cotidianas que en este momento no se me ocurren,

 

es más fácil hacer el cambio. Cuando tomas consciencia, hay una nueva raíz. Un nuevo motor. Hay una nueva programación para que todos aquellos cambios que quieres introducir en tu vida sean duraderos, y no cosméticos, como el vestido de novia, el cuerpo de verano, y tantos otros con los que estamos familiarizad@s.

Escuché decir a la Coach María Pineda que los actos de amor propio son privarse de aquello que te gusta, te produce placer instantáneo y que sabes que te hace mal. Privarse en función de la ganancia futura y de la generación de disciplina que implica. Ahí recién estamos hablando de amor propio.

¿Eres como yo, adicta al azúcar? ¿Te imaginas tres meses sin azúcar? Veamos qué tal te va y cómo te transformas privándote de ella, pero desde la consciencia, desde amar tu cuerpo como una obra de ingeniería divina y magnífica. No desde el deber porque “tengo resistencia a la insulina”, que vendría siendo la punta del iceberg de lo que sucede internamente a nivel de emoción en piloto automático.

Si te quieres más, te tratas bien con los pensamientos que pones en tu mente, y en consecuencia hablas mejor y actúas mejor. Cuando te quieres más, se acaba el deber ser, y todo lo que haces y dejas de hacer es por amor y no obligación. Se va la tensión del hacer. Cuando te quieres más, puedes ser más tolerante con el otro y tener compasión con su propia falta de amor propio que se refleja en sus actos. Cuando te quieres más, puedes poner sanos límites sin culpa, porque de eso se trata el   amor propio: respetar tu integridad. Sin culpa. Sin deber. Sin mentiras blancas.

Quiero volver al ejemplo cotidiano de mi cuasi-furia con mi amado por hacer no-sé-qué en la mañana del miércoles para decirte que cuánto más alimentas una emoción y una reacción, más integrada en ti se convierte. Los sentimientos y acciones se van al piloto automático y de pronto estás en falta de consciencia reaccionando por la vida.

Por eso:

  1. Obsérvate en presencia. Toma consciencia de tu motor, y si es necesario, cámbialo. Se puede dejar de vivir en piloto automático, y ese trabajo parte desde ti. Puedes trabajar esto en un programa de coaching conmigo.
  2. Llena tu vaso de amor del BUENO. DEL MEJOR. Si por ejemplo comes o fumas compulsivamente, piensa en el daño que le haces a tu salud. Piensa como te sentirías si no lo hicieras. Toma consciencia del motivo por el cual lo haces (la raíz del asunto) por ejemplo, la ansiedad, y piensa en cuales son las ganancias secundarias de eso. Toma real consciencia que de todo de lo que te privas que te gusta y te hace mal, por no decir pésimo, va a tener buenos resultados a futuro: en claridad mental, salud física, sensación de liviandad, más energía.
  3. Aliméntate mejor. Esto de verdad que me costó entenderlo, pero lo anterior expuesto + la eliminación del exceso de pan (gluten), el azúcar, y sumar dos jugos verdes al día, en la mañana y en la noche me llevó a concluir lo que te cuento acá.

 

RECUERDA: El mundo lo construyes tú, desde tu mente. Tu mente lleva a la emoción. Tus emociones a tus hábitos. Cambia lo que sea necesario, y hoy, no dejes que nada te robe la paz.

 

Eres una obra de ingeniería divina. No te estoy bromeando. Hónrate y sácate partido. El mundo te quiere ver brillar.

Déjame tus comentarios abajo y compártelo por redes. Siempre puede servir a alguien. Un abrazo, ¡y hasta la próxima luna! Catalina. Una mujer constantemente desafiada a vivir más consciente.

2 comentarios

    • Catalina Bonnet
      12 julio, 2017

      Gracias Lore, lo escribí pensando en nosotras, en nuestra colectividad. Un besote.

      Responder

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